Inicio   |   Login   |   Registrarse   |   Quienes Somos   |   Contacto   |   STAFF     
BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
Facebook Twitter
   Salir de la Argentina. Ilusión o des(a)ventura

Algún futuro
  Por Raúl Yafar
   
 
Quien no se ocupa de nacer, se ocupa de morir.
Bob Dylan

¿Cuáles son las vías, los destinos, los compromisos, para nosotros, los argentinos, en un momento como éste?
¿Deberían ser colosales rutas para la (re)construcción de nuestro país, tal que éste pueda comenzar a asemejarse a aquellas delimitaciones territoriales que se expresan hoy como unidades político-económicas, con sus fronteras comunitarias fruto de las revoluciones burguesas en el despuntar de la Modernidad durante los siglos XVII y XVIII –me refiero, obviamente, a las naciones europeas y a la norteamericana–? ¿O podrían ser sólo –más humildemente– meras callejuelas, sombrías pero transitables, que funcionen para los que en este suelo intentan seguir, aunque más no sea, conformándose con sólo subsistir?

Y encaminándonos hacia nosotros, los psicoanalistas, ¿qué pensaríamos si dentro de esta última opción el desarrollo del psicoanálisis fuera meramente contingente o llegara a ser retaceado o bastardeado hasta socavar sus mismos conceptos fundamentales, sus activos principios básicos de acción?1 ¿Qué diríamos, que acción elegiríamos si ninguno de los caminos emprendidos sirviera para el despliegue genuino del psicoanálisis? ¿Podríamos seguir tan “neutrales” en términos políticos, ahora que no sólo la estéril “antiética” de la posmodernidad es la que ha de abolir la interpelación del sujeto?2
Nuestros abuelos –árabes e italianos en mi caso– vinieron a la Argentina buscando un espacio nuevo, una posible oportunidad que los alejara de la guerra, las hambrunas y/o la desocupación. Penurias recicladas en el seno de ese Viejo Mundo o en lejanas regiones ­asiáticas, penurias archimilenarias, nacidas en tierras donde no florecía ni un mínimo amparo para sus habitantes. Incluso, como es el caso del padre de mi madre, se nacionalizaron argentinos adoptando no sólo un idioma o una forma de sentir, vestir, comer, sino juzgando esa oportunidad como apropiada para su porvenir y el de sus descen-dentes. Algunos inmigrantes conservaron su nostalgia irre-denta por un retorno que jamás actualizaron, pero otros llegaron a sentir esta tierra como propia. Es decir, apropiada y apropiable, en todos los sentidos de estos términos. Nosotros alguna vez se lo agradecimos.

Hoy la marcha de nuestra historia nos retuerce las vísceras cruelmente. Los muertos –a los que debiéramos decir “nuestros”– no descansan, mientras sus fantasmas vuelan en aviones que nunca aterrizan. La miseria, por su parte, no escapa –como debiera– por portones abiertos de par en par, apertura debida a inspiraciones y proyectos, sino que los objetivos nacen calcinados, revientan cual pompas de jabón, como hierro cocido. Metal turbio en el fragor sanguinario de los que se han dedicado a reciclar solamente las armas de su goce, los que se han hinchado de esa lujuria opaca de crecer a la sombra de la decepción y la desolación terminal, completa y brutal, de casi todos los otros. No pensando exclusivamente en ganancias –que han sido cuantiosas, de todos modos– que son el resorte de cualquier economía capitalista, sino en el puro tronar masturbatorio de sus actuaciones: adicciones globales, festines maníacos, sustracción innecesaria del futuro mediante una orgía especulativa que excede incluso esa asíntota melancólica típica de la dialéctica del jugador dostoievskiano. Pues han gozado –y siguen gozando– hasta ese límite oscuro por el que se pierde constantemente el horizonte del porvenir, donde declinan todas las formas propias de la convivencia civilizada. Han gozado con riesgo, pero con exaltación, han experimentado una manía gratuita que ha exprimido, goteado de a poco la riqueza total de casi todos e induciendo al resto a seguir su ética centrífuga de dispersión comunitaria carente de barreras. Las clases dirigentes sucesivas –integradas por políticos, empresarios, banqueros, militares, incluso intelectuales– han creado una ideología inédita, de un fundamentalismo de la apropiación que consigue mimetizar, que logra convencer, que facilita esta ex-patriación generalizada de los contenidos sustanciales que conforman este país –es la patria la que emigra todos los días, no sus meros habitantes–.

Pero empezamos a sentir el hedor creciente de los resultados de esa ideología: hoy puede –y de seguir así, probablemente llegue a– autodestruirse, sólo que llevándonos parcial o totalmente a todos con ella.3 Por ejemplo, cuando los saqueos ya no sean sólo de comida, sino de la carne de “unos” roída por la desesperación famélica –y no hablo sólo de hambre, sino de la lisa y llana locura– de los “otros”. Y en el medio no sabremos con cuántos muertos. Y ni siquiera de qué lado –pues no habrá ningún borde– provienen. Los argentinos: inventores de una edad de piedra posmoderna.
Sus cultores y realizadores han dejado un campo teórico abierto para pensar desde el psicoanálisis un “más allá de la perversión”,4 pues los mecanismos renegatorios (Verleugnung) no alcanzan para entender la columna de fuego que se eleva sobre esta tierra seca y desgastada. Se transpira en ella el aplastamiento penúltimo de todo deseo, de toda voluptuosidad, de todo entusiasmo.
El país es una bola vaciada, una fuente centrífuga de decepción. Una parte ultramínima de la población ha llevado adelante con llamas, lujuria y despotismo, una involución feroz de las posibilidades “argentinas” de vida. Éstas, décadas atrás, no alcanzaban a conformar(nos), de allí todos los fallidos, inconclusos, muchas veces irreflexivos reclamos contestatarios –por izquierda y por derecha– de todas las décadas de este siglo. Pero esas preguntas y sus represivas respuestas correspondientes no excluían que este país, semifeudal en el fondo y desde sus orígenes absolutamente colonial, país que no había llegado demasiado lejos en su constitución como Nación moderna, tuviera algunas chances de avanzar en algún sentido, en alguna dirección, encontrando algún, aunque sea limitado, modo de desenvolvimiento. Alguna torpe ley todavía quedaba. Por eso afirmo que se llevaron –que nos fuimos llevando– la patria “afuera”, dispersándola, reduciéndola a papeles y dinero, encerrándola en cajas fuertes. Hemos terminado convenciéndonos de que es mejor guardar la existencia, sepultándola, que constituirla al aire libre, disolviéndonos en el tejido vivo de los lazos sociales.5
Hoy –se me ocurre mientras escribo estas líneas– parece haber sólo dos posibilidades, y no puedo dejar de pensarlas como analista. Ambas se diferencian de toda forma de “huida” –utilizo el término pensando en las colas delante de las embajadas y consulados extranjeros– y si implican alejamiento, lo es de la indiferencia, de la inercia, de la anomia que ya se hace cada día más insoportable. Sólo el deseo es el tribunal donde cada uno cantará su hora al final del camino –si es que éste ha existido–. La ética del psicoanálisis implica que ese deseo sea tomado en un movimiento de decisión, de construcción de un lugar subjetivo. Sólo afincar permite terminar con ese caos que evapora lentamente todas las legalidades 6.
Se tratará, o bien de volver a los orígenes “extranjeros” de nuestros antepasados –aunque no coincidan con el país de origen: este mundo es siempre inmenso–, volver desde otros motivos, en otro contexto, intentando con ímpetu fundar un espacio para nuestros hijos, olvidando tanta infamia y decadencia, intentando repetir muy diferentemente esos caminos recorridos sólo una vez, cuando ellos huyeron de destinos muy acotados, infelices, paupérrimos. Intentando transformar esos fracasos –pues al fin y al cabo nuestros abuelos son los que apostaron en vano– en revuelos del deseo por áreas nuevas, fugando a países inexplorados donde nazcan materias originales. Es decir, fundar un nombre novedoso en un supuesto “afuera” aunque nunca sea del todo un renovado “adentro”. Y aceptando que el propio origen puede ser una escoria que cae si las semillas tienen con qué volar más lejos. Esto sería una verdadera emigración, implicando un duelo definitivo, pero emigración hacia el proyecto de uno mismo donde sea posible realizarlo. O bien, volver a refundar aquellos soñados proyectos, hoy muertos, huyendo de la falta de deseo a la que nos impelen, nos obligan los que se han hecho, no dueños –pues eso implica algún Ideal, algún poder, alguna dirección, alguna capacidad generadora–, sino sepultureros de este país, “gobernadores” de una cáscara vacía. Participar desde las cenizas que aún están tibias: nuevas chispas que relancen una apuesta por un país que no sea hoguera comunitaria de infortunio, sino brazalete de subjetividades. Esto también será una emigración, pero no sólo tras un proyecto propio, sino además tras un sueño, el de una nación anhelada durante dos siglos de repeticiones imposibles. Esto implica también dejar de esperar y decidirse por una forma de construcción.

Sea como sea, en estos dos destinos –Jano bifronte– se tratará de algo muy parecido, ya que no está escrito en ningún lugar lo que se llama patria: retornar de una vez a las mismas o a otras convicciones, a donde sea para cada uno. Al fin y al cabo, los problemas irresueltos permanecen, sólo que más agudos; los adversarios se han reciclado, sólo que más embebidos en nuestra sangre –esos mosquitos rechonchos que parece que nunca van a terminar de reventar–, lo que hay para perder es lo de siempre, sólo que estamos más acobardados, más endurecidos. Pero también sabemos que se tratará de otra cosa y esto porque actuar se nos ha hecho mucho más necesario. En última instancia siempre será un intento de dejar florecer-constituir un nombre para cada uno, en el momento en que dejemos de estar viejos y cansados y empecemos a rejuvenecer, en alguna región que podamos sentir como la de nuestro verdadero “nacimiento”. Ése que ocurre o no ocurre... todos los días de la vida.

_____________
1. ¿Qué pensaríamos si las transformaciones que han sufrido a nivel de prestaciones todas las especialidades médicas –Obras Sociales, Prepagas y Hospitales– tomaran todo el campo de la práctica psicoanalítica, imposibilitada, salvo excepciones, de sostenerse en el ámbito privado? ¿Qué ocurriría con el acto de pago, el uso del diván, la temporalidad de la intervención y del recorrido del análisis mismo?
2. Considerando que cualquier psicoanalista se interesa no sólo por el futuro de su práctica sino también por la propia subsistencia y la de su familia.
3. Lo que no se intuye es qué habrá de sucederla, qué trasmisión, qué dirección tomarán ideológicamente los acontecimientos.
4. Véase mi artículo “En los bordes de la clínica psicoanalítica” en Imago Nº 17, Letra Viva, 2001.
5. Ver mi artículo sobre la disolución del Complejo de Edipo, en Sujeto, acto, repetición. Fronteras del psicoanálisis en el decir filosófico, Raúl A. Yafar y Carlos A. Basch, Letra Viva, 1997.
6. El “caos” no es el no-todo del goce suplementario de la ley del Padre, sino la dispersión salvaje y superyoica, donde nada simbólico es posible. Esto no implica regresión de ningún supuesto primitivismo, sino progresión hacia un destino determinado.
 
 
© Copyright ImagoAgenda.com / LetraViva

 



   Otros artículos de este autor
 
» Imago Agenda Nº 187 | diciembre 2014 | La declaración de sexo y los celos en la fantasmática masculina 
» Imago Agenda Nº 180 | mayo 2014 | Elección y experiencia de la castración 
» Imago Agenda Nº 168 | marzo 2013 | Fantasmas de Pareja 
» Imago Agenda Nº 159 | mayo 2012 | La opacidad de la Transferencia y el Acto Analítico: ese momento inconfundible 
» Imago Agenda Nº 153 | septiembre 2011 | Dinero, sexo y rechazo al psicoanálisis 
» Imago Agenda Nº 147 | marzo 2011 | Locura y Psicoanálisis 
» Imago Agenda Nº 141 | julio 2010 | Acto de amor, Acto de pago 
» Imago Agenda Nº 133 | septiembre 2009 | Semblante e Impostura en la sexuación 
» Imago Agenda Nº 123 | septiembre 2008 | Fobias de ayer y de hoy 
» Imago Agenda Nº 121 | julio 2008 | Desamparo subjetivo y niñez 
» Imago Agenda Nº 109 | mayo 2007 | Los visitantes nocturos en la pesadilla 
» Imago Agenda Nº 106 | diciembre 2006 | Ética y sensatez 
» Imago Agenda Nº 98 | abril 2006 | Edipo: mito y anomalía. 
» Imago Agenda Nº 96 | diciembre 2005 | Crueldad y ternura. 
» Imago Agenda Nº 89 | abril 2005 | Secreto, intimidad, vergüenza y misterio. 
» Imago Agenda Nº 82 | agosto 2004 | Releyendo las fuentes del psicoanálisis 
» Imago Agenda Nº 78 | abril 2004 | Tragedia, duelo y sacrificio 
» Imago Agenda Nº 73 | septiembre 2003 | El cuerpo del orgasmo 
» Imago Agenda Nº 69 | mayo 2003 | Un nuevo comienzo 
» Imago Agenda Nº 64 | octubre 2002 | Tener o hacer 
» Imago Agenda Nº 53 | septiembre 2001 | Ejercicio de orientación dialectal  (para analistas de Buenos Aires)

 

 
» Escuela Freudiana de Buenos Aires
Seminario "Psicoanálisis con niños y bebes" • Ilda Levin 
 
» Adriana Bauab
Grupo de estudio • Seminario XI - Los 4 conceptos fundamentales del psicoanálisis 
 
» Psicología Jurídica Forense Nissi
Actividades virtuales 
 
» Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires - Distrito XII Quilmes
Test de colores - Max Lüscher - Test Mis Mano 
 
» Fundación Tiempo
Curso virtual: Psicodiagnósticos y psicotécnicos 
 
» Escuela Freudiana de Buenos Aires
Seminario: El deseo y su interpretación. Una lectura clínica  Liliana García Maese • Stella Maris Guilian • Invitada Lidia Matus
 
» La tercera
Seminarios 2020 
 
» Centro Dos
Formación clínica en psicoanálisis  Ingreso agosto 2020
 
» Fundación Causa Clínica
Ciclo de conferencias abierto al público. Gratuito. Con inscripción previa 
 
» Escuela Freudiana de Buenos Aires
Historia novelada del sujeto:   Seminario online a cargo de María Cristina del Villar
 
» AASM 2020
XIII Congreso Argentino de Salud Mental  
 
» Psicología Jurídica Forense Nissi
Actividades incio AGOSTO 
 
» La tercera
Programa de formación integral en psicoanálisis 
 
» Fundación Tiempo
Curso de integración escolar  % 15 de descuento en posgrados, seminarios y cursos • Modalidad virtual
 
» Fundación Causa Clínica
Cursos clínicos psicoanalíticos para graduados con práctica rentada - CURSADA PRESENCIAL / VIRTUAL 
 
» Colegio de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires - Distrito XII Quilmes
Nuevas paradas en el recorrido hacia el daño psíquico 
 
» Centro Dos
Atención online • Tratamiento psicológico al alcance de todos 
 
» Fundación Tiempo
Curso de Acompañamiento Terapéutico modalidad virtual 
 
» Psicología Jurídica Forense Nissi
Psicología Forense 
 
» La tercera
Atención psicológica online 
 
» Fundación Causa Clínica
Talleres • Acompañamiento Terapéutico 
 
» Fundación Tiempo
Seminarios virtuales en agosto 
 
» Centro Dos
Actividades online Julio  
 
» Fundación Causa Clínica
Pasantías Clínicas cuatrimestrales y Cursos breves. Virtuales / Presenciales 
 
Letra Viva Libros  |  Av. Coronel Díaz 1837  |  Ciudad de Buenos Aires, Argentina  |  Tel. 54 11 4825-9034
Ecuador 618  |  Tel. 54 11 4963-1985   info@imagoagenda.com