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   Colaboración

El psicoanálisis no es Lacan, ni Miller, ni tratamiento ni erotología... ni siquiera Freud
  Por Oscar  Zelis
   
 

Parto de la siguiente hipótesis: la esencia de una práctica, incluso de una ciencia, está en el dispositivo que implementa como práctica concreta para enfrentar a lo real. Dicho dispositivo-encuadre es el que impone y determina qué efectos tendrán posibilidad de ocurrir y de ser tomados en el hacer particular de cada praxis. De la misma forma, son las condiciones del dispositivo-encuadre de la práctica las que determinarán a qué hechos, a qué fenómenos, a qué elementos, les asignaremos valor como datos o indicios relevantes, dejando fuera a todo el resto que no sea contemplado por la estructura del dispositivo.

¿Cómo es posible que haya analistas que cumplen su función, sin haber leído a Lacan? ¿Cómo es posible incluso que haya intervenciones analíticas en practicantes que dicen haber dejado atrás o haberse alejado de algunos puntos doctrinales de Freud, el fundador mismo del psicoanálisis? Y vayamos un poco más, por ejemplo, ¿cómo se forman los analistas en estas últimas décadas? Mi experiencia propia, y la de muchos colegas, ha sido por ejemplo, estudiar en la Facultad de Psicología…psicología, y algunos fundamentos de psicoanálisis; empezar un grupo de estudio sobre Freud, y al mismo tiempo empezar a atender en alguna institución; luego la llegada de algún posible analizante… y muchas veces el “analista” nóbel recién empezaba su propio análisis… En dichas condiciones, no se puede decir que el joven analista tuviera un firme saber de la obra y doctrina freudiana ni menos seguramente del edificio conceptual de Lacan; uno recién empezaba a familiarizarse con ellos; experiencia práctica no había, ya que justamente uno se estaba iniciando… entonces…¿en qué se afirmaban tales tratamientos o inicios de análisis? Se dirá, seguramente, en un supervisor (privado o institucional); en ideas que van surgiendo en los grupos de estudio y de trabajo analíticos; en la “experiencia” que va adquiriendo de su propio análisis; en las propias lecturas que va emprendiendo a medida que su clínica le va haciendo preguntas… Ahora, es llamativo que todo esto nos remita a que parece ser un tema bastante personal, bastante a la manera de cada uno, cómo se legitima, cómo se hace, para que en un momento dado por ejemplo un estudiante de psicología avanzado pueda empezar a atender o a analizar. Creo que si indagamos qué herramientas sí tenían sí o sí en su haber, a su disposición, todos los analistas en sus primeras intervenciones, en sus primeros casos interviniendo como analistas, la única que queda sin ninguna duda en todos es el dispositivo analítico, con sus reglas fundamentales. Un practicante que se inicia, puede tener “baches” de saber en infinidad de tópicos de la teoría, pero lo que seguramente debe saber –y es en esto donde, sea la escuela de psicoanálisis que sea, todos coinciden en exigir como condición para hablar de psicoanálisis– es armar el encuadre y el dispositivo analítico, y sostener las reglas fundamentales del mismo. Ahora, es lícito preguntar: ¿cómo se explicita, en qué consistiría a fin de cuentas el encuadre y las famosas reglas fundamentales? Se me podrá responder, bueno, Freud lo escribió, y lo reglamentó, ergo, una parte del título es erróneo ¡el psicoanálisis, después de todo, es Freud! Primera respuesta: Aunque aceptáramos que Freud haya logrado explicitar exactamente la estructura del dispositivo, y las reglas fundamentales que deben regir un psicoanálisis, pues bien, el psicoanálisis, no es el psicoanálisis de Freud; y aquí me me apoyaré en el excelente artículo de Jean Allouch publicado en Agenda 51 (julio/2001),1 donde, a partir de criticar un comentario publicado en Pagina/12 sobre un supuesto episodio de “maltrato” de Lacan hacia un analizante, señala muy bien que:

“El psicoanálisis no puede de ninguna manera sostener que éste sería un tratamiento de alguien para alguien; se trataría más bien de un tratamiento de algo para algo [...] El despiste públicamente proclamado por Página/12 se produce porque el análisis se posiciona, se piensa, se mantiene, como tratamiento de alguien por alguien. Lacan, por otro lado, había devenido en alguien, en una personalidad, un personaje, en el momento en que se dejaba llevar a esos gestos. Y se ve de golpe, la ventaja de la que se beneficia el analista debutante, aquel que es elegido puramente y simplemente en tanto que analista (incluso si es una ficción). Este analista se encuentra en mejor posición en la medida en que lejos de ser tomado por alguien, él es ‘cualquier analista’ y será como tal plegable a la transferencia.”

Freud enuncia un dispositivo y unas reglas a partir de las cuales, cuando se las implementa concretamente en el mundo….surge una “experiencia” inédita, fruto de la puesta en práctica-marcha de ese dispositivo y esas reglas particulares. Podríamos decir que a partir de allí, los efectos y producciones de ese dispositivo, ya no son de Freud, ya no tienen que ver directamente con Freud, sino con el dispositivo y las condiciones de experiencia establecidas. Este dispositivo y estas condiciones de experiencia sí son transmisibles, y factibles de ser usadas y reproducidas por otros, de ahí, la condición de posibilidad de que haya analistas, en plural, y éste es el punto esencial, la base, la esencia, del psicoanálisis. (En este punto particular, se logra el mismo estatuto científico que el de las ciencias experimentales, en el sentido de que sus condiciones de experiencia son explícitamente enunciadas y factibles de ser reproducidas, –claro, lo que pasa es que aquellos acostumbrados al estilo más positivista-mecanicista, nuestra explicación y descripción del encuadre y dispositivo analítico les resulta difícil de entender, por estrechez de su marco teórico; pero uno podría hacer una analogía y citar la dificultad que se le presenta a cualquier persona común para, por ejemplo, repetir las condiciones de experiencia para verificar que la velocidad de la luz es de 300.000 Km./s). El segundo punto es: ¿Freud dejó bien explicitado el dispositivo y las reglas fundamentales? Nos dejó enunciado que, debe haber un encuadre de sesiones pautadas, un horario, un pago de honorarios, una frecuencia. Se trata de citas entre el analizante y el analista (no es, por ejemplo “grupal”); las reglas fundamentales son, para el analizante, la “regla de la asociación libre” y del “diga todo lo que se le ocurra, sin retener u omitir nada” y, para el analista, la regla de “abstinencia”, la “escucha” analítica, y la indicación de interpretar apuntando al inconsciente. Ahora bien, si tomamos por ejemplo a la regla de abstinencia, veremos que su interpretación no ha sido unívoca para todos los analistas. Podemos tomar el artículo ya citado de Allouch, donde abre interrogantes sobre este punto. Y, por citar solo a algún analista histórico, ya Ferenczi desde los albores del movimiento psicoanalítico abría su espectro de la abstinencia inicial freudiana al postular las técnicas activas, etc. Lo que quiero decir es que Freud ciñó y marcó ciertas coordenadas estructurales, que quizás pueden tomar distintas formas de enunciado, pero que deben mantenerse en su esencia. Las distintas formas en que algunos de estos elementos fueron interpretados o entendidos, han dado muchas veces lugar a distintas corrientes psicoanalíticas. También ha habido intentos de ajustar, de darle mayor precisión a estas reglas fundamentales (o sea, esto implica que no hay una sola forma de enunciar, de nombrar con palabras a la estructura y sus leyes de funcionamiento). Por ejemplo, Lacan hace a partir del concepto de abstinencia analítica, una derivación conceptual apoyándose en sus desarrollos teóricos, que es la regla para el analista de “no satisfacer la demanda”. Este concepto-herramienta no es Lacan. Y la mejor demostración la podemos encontrar en el mismo artículo de Allouch, ya que vemos en acto que es posible plantear si Lacan siguió o no su propia concepción, o sea, si Lacan mantuvo la abstinencia o no, si satisfizo la demanda o no, etc. O, con Allouch mismo, cuando se pregunta en relación a ese otro “despiste” que le puede ocurrir a un analista, si el coger debe ser siempre excluido ética y técnicamente del tratamiento analítico; está abriendo una vez más la pregunta por la regla de “abstinencia”. Un camino para profundizar dicha pregunta es interpretar o leer dicha regla desde el citado esclarecimiento conceptual aportado por Lacan, como “no satisfacer la demanda”, y, preguntarse en el caso por caso, dentro del campo de experiencia de un análisis, si el coger cerraría la emergencia del inconsciente.

Siguiendo con la interrogación sobre qué es el psicoanálisis, ¿Qué pasa con el ya popularmente llamado Psicoanálisis de niños? Aquí es patente que la dirección de la cura no es idéntica a la esperada para el psicoanálisis de un adulto. Cambian también los recursos técnicos, con introducción de lo que algunos llamarán “técnicas activas” (¿solo cambian las tácticas?), cambia el dispositivo, por ejemplo en relación a la mirada (el niño no se recuesta en el diván perdiendo de esta manera del campo visual al analista), etc. , etc., hasta llegar a involucrar en el tratamiento en forma concreta a terceros, léase por ejemplo los padres. Con todas estas variantes y modificaciones: ¿Podemos seguir llamándolo Psicoanálisis? A primera vista habría razones para que al menos algunos se inclinaran por una respuesta negativa. Sin embargo, es llamativo que ningún analista destacado, hasta el momento, háyase pronunciado en el sentido de negarle el término psicoanálisis a esta práctica clínica con niños. Debemos entonces inferir que hay “algo” que se mantiene, y que todos abducen (incluso en forma de intuición) que se sigue manteniendo la esencia del psicoanálisis. Si bien son diferentes en algunos objetivos y el “final de partida” (en esto sí se han pronunciado los analistas y en general hay coincidencia), parece que el requisito mínimo indispensable para seguir usando el término psicoanálisis está del lado de las condiciones del “inicio de la partida”. Se abre con esto la posibilidad de distintos “modos” de psicoanálisis. Así por ejemplo, podemos en la actualidad llegar a leer: “…existe un nuevo psicoanálisis, cuyo creador o autor es J-A Miller. (…)…un psicoanálisis milleriano”; frase que pronuncia Alfredo Eidelsztein para marcar la diferencia de aquél con la dirección de la cura del psicoanálisis lacaniano, en su artículo de Imago Agenda Nº46.2

En realidad, desde hace tiempo se viene hablando de distintos psicoanálisis: freudiano, lacaniano, kleiniano, winnicottiano, jungiano… Creo entender que Eidelsztein va en la misma línea conceptual del título de este artículo, cuando señala su crítica a “la posición de algunos analistas lacanianos de París, quienes afirman que con Freud y con Lacan alcanzaba, esto es que al psicoanálisis le resultaba suficiente dos autores: Freud y Lacan. Esta afirmación me resultaba increíble. ¿Cómo se podía hablar así sobre el futuro del psicoanálisis?”

En relación a estos últimos temas quería retomar el rico artículo de Allouch. Coincido en que el concepto de psicoanálisis no puede reducirse o quedar incluido en el de “Tratamiento”, pero me parece que se puede llegar a caer en otro reduccionismo, si lo incluimos dentro de las prácticas erotológicas, como sugiere dicho autor. Para empezar a argumentar, es cierto que en un análisis trabajamos en y con Eros, pero no podemos olvidar que siempre está también presente Tánatos.  

1. Jean Allouch: “¿Un psicoanálisis es un tratamiento?”, en Imago Agenda Nº 51 (Julio/2001).
2. Alfredo Eidelsztein: “Es un hecho: existe un nuevo psicoanálisis.”, en Imago Agenda Nº 46 (verano 00/01).

 
 
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