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   Colaboración

Un debate posible sobre la traducción de Lacan
  Por Irene Agoff
   
 
En el número 51 de Agenda (julio de 2001, pág. 27), Juan B. Ritvo despliega interesantes comentarios sobre la traducción de Lacan al castellano y formula una atractiva convocatoria a posibles jornadas de debate sobre el tema. Su generosa mención de mi nombre en ese artículo fue un acicate más para la decisión de transmitir aquí unas pocas reflexiones, de las muchas que viene suscitando, sobre el tema, mi compromiso personal en los campos del psicoanálisis y de la traducción.1
Una de ellas atañe al contraste entre la propuesta de Ritvo y la clásica ausencia de debates serios en la Argentina sobre la materia que fuere. En particular, no los hay que pongan en cuestión los tipos de escritura generados por la reflexión teórica y clínica, ni que impliquen algún ejercicio crítico respecto del vastísimo tema de la traducción. La índole extra-académica del psicoanálisis y lo inclasificable de una práctica como el pasaje de lenguas incrementan la dificultad para el cruce abierto de ideas. La iniciativa de Ritvo tiene así plena justificación al abrir la oportunidad de generar interrogaciones demasiado tiempo postergadas.
Por otra parte, si no ha habido espacio en la Argentina para un debate sobre la traducción en psicoanálisis, el corpus teórico de Lacan no hace más que echar leña al fuego en el que se consume la posibilidad de que ese debate exista. Las razones son hoy casi lugares comunes, y entre ellas podría figurar ésta: los Escritos de Lacan no están para ser leídos (enunciado que pertenece a su autor y de cuyo inevitable efecto de perplejidad nadie sale tan airoso como para salir a impugnarlo) y menos todavía para ser traducidos. De esto podría hablarse en el evento que se propone, y no cabe duda de que suscitaría intercambios tan vehementes como esclarecedores.

Un debate sobre la traducción de Lacan contribuiría a despejar algunos de los muchos malentendidos que planean sobre nuestros hábitos de lectura. Por ejemplo, cierta ilusión de “transparencia” de las lenguas, que no sólo aplana el modo de entenderse la traducción, tenida por simple operación mecánica de sustitución de palabras, sino que además llega a subvertir hasta el escándalo lo que bien podría llamarse una “ética” del uso del castellano (barbarismos, extranjerismos, brutos atentados contra la sintaxis, etc.). También podrían discutirse asuntos no encarados frontalmente hasta hoy, como la cuestión de la “nomenclatura”: ¿qué términos de la obra lacaniana requieren efectivamente una solución de traducción unánime? Incluso se podría doblar la apuesta: ¿puede plantearse que esos términos existan? Tanto esa milenaria práctica sobre las lenguas que es la traducción como, en los últimos cien años, el desarrollo y avance de la teorización en psicoanálisis, habilitan al menos para preguntárselo.

La convocatoria debería dar cabida también a exposiciones y debates referidos a las estructuras y rasgos diferenciales del francés y del español, bases indispensables para cualquier discusión terminológica seria y tal vez principal herramienta a la hora de desmontar el mayúsculo edificio imaginario generado a partir de la palabra lacaniana. En esta misma línea, poco podría avanzarse en la solución de los problemas planteados por la traducción de Lacan si no se indagara en los interrelacionados fenómenos de la sinonimia, la homonimia y la heteronimia, que no sólo dieron lugar a importantes desarrollos en el campo de la lingüística sino que además presentan bordes indisociables del contexto filosófico. Esta problemática de enorme trascendencia en el plano de cada lengua en particular, ofrecería posibilidades de incomparable riqueza a quienes se atrevieran a tratarla desde el ángulo de ese singular comercio idiomático que es la traducción de Lacan. Y por si fuera poco, aun siendo “cuestiones de lengua”, presentan aspectos claramente ligados a las elaboraciones lacanianas sobre la nominación: ¿no puede considerarse la traducción como operación que de algún modo “nombra” el texto original? En la misma línea, el debate no podría relegar asuntos como las nociones de denotación y connotación. De “fácil” definición, que rozan casi el lugar común, se alzan a cada paso ante el traductor de Lacan como incógnitas que requieren un esfuerzo más que arduo para ser despejadas.

Otro punto cuyo tratamiento no podría faltar en esas jornadas es el de que la traducción de Lacan pone en juego no dos, sino por lo menos tres lenguas: el francés de Lacan, el alemán de Freud y el castellano del traductor. En buena parte de su obra, oral y escrita, no se puede traducir a Lacan sin traducir simultáneamente al traductor de Freud. Y esto impone a quien se lo proponga desafíos particularmente delicados. Pero por otro lado se trata sin duda de verter el francés de Lacan, el alemán de Freud y el castellano del traductor (pasar de una lengua a otra es una operación teórica y prácticamente insustentable: traducir es intentar pasar sobre todo de lalengua de alguien a lalengua de otro).
Estas jornadas permitirían debatir temas de fondo hasta hoy no tratados, como el de las posiciones respectivas del analista y del traductor, lo cual abriría el espacio para discutir, por ejemplo, afirmaciones como la de Ritvo —harto polémica, aun con la fundamentación que ensaya— sobre la índole “forzosamente intuitiva” de la traducción.
Por último –por hoy–, quizás ese debate ayudará también a determinar, pez que se muerde la cola, “quién está autorizado” a tomar en él la palabra. Ironía esta última que nos es sugerida por otra de la que hace gala Ritvo en su convocatoria cuando distingue, con respecto a los alcances de ésta, entre los “expertos” y “nosotros” (separados ambos por un velo exclusivo harto preocupante para el lector desprevenido).
Por las razones que aduce Ritvo, las pocas que surgieron aquí al correr de la pluma e innumerables otras que exigirían cantidades ingentes de papel para formularse, la propuesta de jornadas sobre la traducción de Lacan debería estimular el máximo apoyo de todos quienes se sienten implicados en los destinos del psicoanálisis y de la cultura.

______________
1. Preparo desde hace tiempo un libro sobre el problema de la traducción en psicoanálisis, y estoy gestionando la publicación de un importante material referido a la traducción de Freud al francés.
 
 
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