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   Colaboración

Niestzsche en la filosofía actual
  El Eterno Retorno como acontecimiento del pensar
   
  Por Estela Beatriz Barrenechea
   
 
La filosofía, tal como yo la he entendido y vivido hasta este momento, es la investigación voluntaria de los aspectos, aun los más detestados e infames de la existencia.
F. Nietzsche

La toma de posición de la filosofía nietzscheana se ca-naliza en un pensamiento de la inmanencia que se aparta, con su postulado fundamental de la muerte de Dios, de las líneas trascendentes y trascendentalistas de la filosofía occidental.
El Dios ha muerto nos abre el vacío sin fondo de la eternidad en la vida misma. No hay garantía, ni fundamentos no hay Dios que de cuenta de la identidad del yo, ni sujeto estático de conocimiento, yo no soy el mismo yo de un momento a otro.
Nietzsche, en su “investigación voluntaria de los diferentes aspectos de la existencia, aún los más detestados e infames, vive, como el mismo lo dice, una filosofía experimental, en el espacio de la cual hace una afirmación dionisíaca del mundo tal cual éste es”. Su fórmula amor fati implica “querer el círculo eterno: las mismas cosas, la misma lógica e ídentico ilogísmo del encadenamiento.
El pensamiento del Eterno Retorno implica la afirmación de la necesidad: “Volver en lo que deviene; necesidad vivida y por revivir”. Se hace evidente que, en una filosofía experimental, el pensamiento del Eterno Retorno se le aparezca a Nietzsche al modo “de una cierta tonalidad del alma”.

A partir de esta intensa experiencia el pensamiento se desprende del yo que lo piensa, dando lugar a que nueva-mente el yo caiga en el olvido que es lo que oculta en la vida el eterno devenir. En el instante fugaz, cuando vivo la experiencia del Eterno Retorno dejo de ser yo mismo (hic et nunc) y soy suceptible de devenir innumerables otros, hasta que caigo nuevamente en el olvido.
Esta experiencia del yo se conecta con la memoria pero ésta se halla afuera de los límites de una conciencia actual. Si mi conciencia actual es el olvido que oculta el eterno devenir y absorbe todas las identidades en el yo, la memoria por el contrario se da en el instante de mi renuncia a mi yo actual. Pero aún suprimiendo mi identidad, se que volveré a caer en el olvido como parte de la ley del círculo vicioso. El olvido del Eterno Retorno implica la verdad de éste.

El pensamiento del Eterno Retorno es un pensamiento supremo acompañado de un sentimiento elevado que nos impulsa a vivir, deseando revivir porque necesariamente reviviremos. Este temple de ánimo se entronca con la ambición suprema de la especie humana: la eternidad. El tiempo como fugacidad se detiene. Como dice el Fausto de Goethe: “instante fugaz, detente, eres bello”.
Nos encontramos con una nueva dimensión del pensamiento, con un entretejido conceptual cuidado hasta el extremo que nos lleva a una visión estética del mundo como fenómeno artístico, pero también, con un dispositivo ético enunciado en la regla que manifiesta el Eterno Retorno: “lo que quieres, quiérelo de tal manera, que quieras también el Eterno Retorno”.

Perdido el principio de identidad a partir de la muerte de Dios, (que garantizaba un Yo idéntico a sí mismo como así también la realización de todas las identidades), nos abrimos a la multiplicidad infinita.
El yo como intensidad en sí tiene un destino: intervenir, seleccionar, valorar. El yo aborbe los infinitos yo. Es así, que el filósofo Nietzsche puede decir “Soy en el fondo todos los nombres de la historia”.
Si bien en el vértigo del Círculo Vicioso el combate entre olvido/memoria es eterno, para aquel a quien se le revela la Verdad de la necesidad del Retorno como enunciación ética, “actúa como si fueras a revivir y desea revivir innumerables veces, porque tendrás que eterna-mente vivir y recomenzar”, no se restablecerá el olvido pues con el Retorno caigo en la anamnesis y me entero que soy otro al saber que no soy el mismo yo.

Hacer del Eterno Retorno un pensamiento comunicable nos obliga a penetrar en la temática de la significación y del sentido. Si el sentido es todo lo que esta afuera de la significación para una conciencia idéntica a sí misma, en regiones silenciosas, más allá de las proposiciones de una lógica de la identidad, una nueva manera de abordaje del sentido adquiere trascendencia pues el Eterno Retorno es acontecimiento creador de sentido.
Como el Retorno se liga a lo fortuito y a los avatares azarosos de la existencia, el pensamiento del Eterno Retorno queda ligado al azar. Zaratrustra afirma todo el azar, lo fatal y necesario amor fati, hace que los acontecimientos que dan sentido a la vida estén sujetos al poder creador e inventivo del hombre como así también a lo azaroso de los contextos histórico – culturales.

El pensamiento de Nietzsche es fundacional y genealógico. Los viejos conceptos se tornan nuevos frente a la invención de categorías insoslayables en su obra.
La invención del concepto del Eterno Retorno carga de sentido las palabras al tratarse de invenciones afirmativas que potencian la Voluntad de Poder.
Nietzsche dice que la esencia verdadera de las cosas es una invención del Ser que se representa las cosas, sin esta invención el Ser no podría representarse nada. A mi entender esta enunciación hace surgir el problema de la Verdad y de su designación.

El circuito de signos y designaciones múltiples manifiesta, cuando salimos de una lógica de la identidad, la incoherencia en la que caemos yo y el mundo en el contexto de los signos cotidianos. Si pensamos el Círculo Vicioso que define el Eterno Retorno y que a su vez indica el poder de todo pensamiento advertimos que volver en lo que deviene marca el sentido del círculo. En el Círculo, la voluntad muere contemplando ese volver en el devenir, para renacer cuando se manifiesta una discordancia con el círculo.

La discordancia rompe las cadenas de cautiverio del círculo, se vuelve a querer lo no querido y reconoce la voluntad de selección como Voluntad de Poder en toda su capacidad creadora, la cual supone en su recorrido, el caudal abrumador de todas las experiencias posibles, todas las felicidades y sufrimientos posibles, en el juego del azar que de una vez y para siempre tiró los dados de una vida, pero que, a su vez, permite echar suerte cada vez que valoramos y seleccionamos.
La Voluntad de Poder en Nietzsche excede la voluntad conciente del agente y lo modifica. Es este exceso el que habla más allá de todo sujeto de conocimiento.
¿Cómo no advertir que la filosofía Nietzscheana es disparadora de nuevos conceptos que revolucionan e imprimen fuerza a la filosofía actual? ¿Cómo no pensar en conceptos tales como inconciente, significante, acontecimiento, lógica del sentido, diferencia, repetición, campos de subjetivación, deseo, Verdad (como producción de sentido), a priori histórico – cultural y muchos otros que conforman las herramientas imprescindibles para afrontar lo grave y pensar analítica y críticamente nuestra época?

Si Dios ha muerto la especie humana ha capturado con su pensamiento la multiplicidad condensada en el Uno de Dios y se enfrenta con la infinitud del pensamiento a aquello que no perece en el trayecto de una vida.
El hombre se presenta en la inmortalidad del pensamiento (las épocas histórico – culturales se suceden pero la Vida como fenómeno de Arte se mantiene).
Este pensar inmanente rompe con toda filosofía de la trascendencia y hace del pensar el camino necesario para producir Verdad.
Verdad es lo que da que pensar, lo que deviene, producto de la multiplicidad y del azar de los encuentros, invención afirmativa que potencia la Voluntad de Poder. El hombre del Eterno Retorno apuesta a la creación.
La memoria de los tiempos vividos juega azarosamente con el olvido para dar lugar a la memoria de los tiempos para aquél que conoce del Eterno Retorno como valor singular, valor que se hace universal en la creación, pues se recrea eternamente a sí mismo.
 
 
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