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   Opinión

Lo obsesional resiste al movimiento del psicoanálisis
  Por Sergio  Rodríguez
   
 
Marzo del 2001, Una noticia corrió como reguero de pólvora entre los psicoanalistas porteños. La reunión en París de la Convergencia lacaniana para un psicoanálisis freudiano resultó un fracaso que rozó los límites del ridículo.
Es una información preocupante para quienes estamos interesados en impulsar el movimiento del psicoanálisis, a través de profundizar sus conceptos fundamentales y las conquistas para la Cultura producidas por maestros de la talla de Freud, Lacan, Winnicott y otros, y en lograr nuevos hallazgos que amplíen y profundicen la eficacia de la cura. La idea de promover lo que terminó tomando el nombre de Convergencia..., me tuvo como uno de sus iniciadores. Anhelaba que fuésemos capaces de armar una tercera alternativa en el plano transna-cional, que pudiera apartarse de la burocratización de la IPA y sus efectos limitantes y deformantes para la práctica psicoanalítica, y de la formación legionaria del millerismo con los efectos de masa sobre sus “soldados” y de surfeo en los psicoanálisis que muchos de ellos conducen. La discusión terminó centrada en el nombre y las formas organizativas. Lamentablemente se impusieron dos propuestas: llamar Convergencia Lacaniana a lo que se iba a construir y darle una organización territorial abigarradamente obsesiva. Objetamos ambas, lo digo así porque recuerdo no sólo mi posición, sino también la de Carlos Pérez y otros. Argumentamos que no se debía poner un nombre que de por sí excluyera a los no lacanianos1. Que juzgábamos a los psicoanalistas por su práctica y no por el teórico en el que dijeran referenciarse. Posición que siempre distinguió a Lacan en su enseñanza y actividad institucional. También, que reivindicábamos la modalidad organizativa de la Lacanoamericana, con algunas modificaciones que favorecieran darle a los trabajos que merecieran más interés por parte de los concurrentes, un lugar y tiempo mayor para debatirlos. Aprobadas por mayoría las dos propuestas sectarias, preferí retirarme. De ahí que no haya concurrido a la reunión fundadora, ni a la de febrero de este año. No tuve ganas de “echar los bofes remando en la arena”.
¿Qué pasó este febrero? Me referiré sólo a los acontecimientos fundamentales y ordenándolos según su importancia.

1) Los principales líderes habían tomado un acuerdo para encausar los debates. Según el mismo, los trabajos presentados pasarían por una lectura de dos personas, una por continente, cuyos resultados elevarían a un tercero al que bautizaron: Reportero. Aquellos resultados serían integrados en un informe propio de éste, que contemplara los efectos de la lectura y por consiguiente de puntuación que en los “lectores” hubieran producido. En las reuniones, dicho reportero resumiría ante la concurrencia sus propias puntualizaciones sobre lo que ya habían puntualizado previamente sobre lo que había escrito el autor, los “2 lectores”. Además, cada “reportero” tendría que referirse a 8 o 10 trabajos en un término acotado de tiempo, lo que al resultar imposible llevó a extralimitarse a la mayoría de ellos. Como había sólo media hora para debatir lo escuchado, de 2 relatores sobre 8 o 10 trabajos, y como muchos autores entendieron que había equivocaciones en lo que los reporteros decían sobre lo que él (el autor) había escrito, y tomaban la palabra para hacer las aclaraciones pertinentes, los 20, 25 minutos de debates resultaban ocupados en escuchar aclaraciones, sin que el resto de los participantes pudiera tomar la palabra. Si quienes estén leyendo éste artículo ya se han perdido en los laberintos, que en este caso no son de Borges, o se han aburrido, o están al borde de descomponerse por la risa que les causa enterarse de cómo las neurosis colectivizadas pueden enredar a un grupo de psicoanalistas internacionales, no se preocupen por su vigor intelectual (el de quienes están leyendo): son normales. Pero esto que digo (neurosis colectiva) no es más que diagnóstico grueso, la lectura psicoanalítica fina, como siempre, proviene del detalle. El programa impreso contenía: tema, reportero y horario de exposición. Los que no figuraban, eran los títulos de los trabajos y el nombre de sus autores, lo que les dificultó a éstos, saber dónde se discutiría lo que se dijera había sido su escrito. Los concurrentes tuvieron que creer en el criterio de los organizadores sobre qué temas se abordaban en cada ocasión. Semejante embrollo tuvo como argumentos, utilizar un dispositivo parecido al ideado por Lacan para el pase (pasante, pasadores, jurado) con el fin de excluir lo personal, en la realización de los debates. Con esto parecieron no distinguir entre una experiencia de verificación de si hubo o faltó “pase” un psicoanálisis en intensión, de lo que es una reunión para debatir presentaciones escritas2. Pero además ¿en la cabeza de qué psicoanalista puede caber la idea de que en una reunión se puede licuar con “artefactos” el factor personal? En verdad lo que hicieron fue, por lo menos, cuadruplicarlo. Más lo quisieron eliminar, más fuerte se hizo presente a través de la promoción (obviamente fracasada) de los “reporteros”, el borramiento de los “lectores”, el impedimento de la participación activa de los concurrentes, y en especial, la represión de lo producido por los autores y la elisión de su nombre propio. Como suele ocurrir con la formación reactiva en las neurosis obsesivas, mientras más procura velar el afán de dominio sostenido en el sadismo, más aparecen ambos, aunque vestidos de santos. Podemos matematizar lo que ocurrió y demostrar cómo se reforzó la represión. Efectivamente en dichas reuniones podemos tomar a los trabajos presentados como S1 y a lo que emitieron “lectores” y “reporteros” como S2, ya que su labor era de significar a los S1 que recibían. Tenemos en funciones al discurso del amo, el que funda al Inconsciente y en consecuencia sostiene a la represión =
                                                                                 S1        S2 
                                                                                 $           a .

Los autores expusieron sus trabajos desde la angustia de la falta de saber qué los causaba para escribir y exponer = S1. “Lectores y reporteros” S2 los significaron desde el malentendido. ¿El resultado? Trabajos y público fueron el plus de goce de “lectores y reporteros”, quedando contrariado el deseo de los autores.

2) La concurrencia, escasa, más o menos 400 personas, estaba integrada en un 80 % de latinoamericanos (mayoría de argentinos) y un 20 % de franceses. Éste es un dato significativo por haber sido la reunión en París. Lo habitual, en las reuniones internacionales, es que la mayoría de los participantes sean del país sede, cosa lógica en función del precio de los pasajes, lucro cesante, etc. Que esta vez no haya ocurrido así, indica claramente el desinterés de la mayoría de los colegas franceses por esa reunión. Casi se podría decir, que fue una reunión de argentinos y brasileros en París. O sea, tampoco resultó como intento de convocatoria intercontinental. Por otro lado en Francia hubo poca publicidad previa, a pesar de que sobró dinero. Dicha escasez publicitaria ¿fue efecto de un simple retencionismo, típico del tipo de neurosis que organizó la reunión, o manifestación de poco entusiasmo por promoverla, de parte de los organizadores franceses? Lo más probable, convergencia de ambos factores.

3) El psicoanálisis surgió por la decisión de Breuer y Freud, de no taparle la boca a las histéricas. Las resistencias al mismo, dentro del propio movimiento, provienen de las recaídas obsesivas de sus integrantes. En el posfreudismo se comenzó por la identificación secundaria a rasgos de trabajo del fundador, particularmente en lo que hacía al tiempo y la regularidad de las sesiones. Luego, la extendieron modas, como la idealización del silencio del analista, el cobro mensual, las interpretaciones cliché, la unificación de los periodos de vacaciones extendidos como obligatorios para los pacientes. En el terreno de la imagen: el profesional solemne, silencioso, evitativo. Como fácilmente podemos advertir, son típicos fenómenos de masa, a través de la identificación entre los yo de los integrantes por identificación a líderes tomados como objeto e ideal. Siempre hubo epígonos que estimularon dichos fenómenos, como Eitington y hasta cierto momento Jones. También, quienes hicieron caso omiso y hasta resistencia a los mismos, como Ferenczi, Winnicott y Lacan. La obsesivización del posfreu-dismo, desembocó en la “psicología del yo” y el naufragio del psicoanálisis en los Estados Unidos. Y en la otra vertiente, en un kleinismo que cuando tomó la forma de manuales, obstaculizó el despliegue del psicoanálisis. En el terreno organizativo llevó al establishment3 burocratizado de la IPA. Como lo ha dicho repetidamente Emilio Rodrigué, fue la aparición y expansión de los aportes de Lacan lo que revivió al psicoanálisis. No obstante, sus propias formaciones reactivas, colaboraron al estancamiento de la Escuela Freudiana de París. Lo que, advertido por él mismo4, lo llevó a disolverla. Quedó como resultado benéfico, la fragmentación del movimiento lacaniano en pequeños grupos, lo que crea mejores condiciones para que no haya lugar para «grandes jefes aplastantes». No obstante, no debemos ignorar que la anulación obsesiva en que incurrió Lacan poco tiempo después de la disolución, cuando convocó a fundar la Escuela de la causa freudiana le dio alas al actual centralismo burocrático del millerismo. Como reacción a todo esto, pareciera asomar un movimiento “anarlista” de estados napo-leónicos “majores” centrado en liderazgos auto-inflados. Por último, la obsesivización en algunos de los integrantes de la convergencia, no sólo ha traído estos resultados interinsti-tucionales, también los ha llevado a preferir trabajar los casos manualmente, entre anudamientos y desanudamientos, y no su seguimiento a la letra. Así, “ponen el carro delante de los caballos”, lo cual como es sabido, no lleva a ninguna parte. Lacan dejaba para después del “análisis a la letra”, mostrar la estructura topológica que se había hecho presente. Nunca dejó de insistir en que el saber supuesto emergía de la letra en las enunciaciones de los analizantes ante las cuales había que deponer cualquier saber previo, del “caso”, de la doctrina, etc.

4) Lacan osciló entre ilusionarse con forjar instituciones psicoanalíticas según el discurso del analista, y la comprobación de su imposibilidad. La imposibilidad de la institución psicoanalítica proviene de una paradoja. La que supone querer promover el psicoanálisis cuya ética se distingue por tratar de poner en escena al deseo para enfrentar al sujeto con su real, desde una organización artificial de masas cuya lógica de funcionamiento está atada a la identificación a los jefes. Estructura de identificaciones que barre con la relación de los sujetos con su deseo y su causa: lo real del objeto. ¿Y entonces? Cada analista, de los que más han pasado el pase, participa en la institución que más concuerda con su posición del momento. Otros, se anotan en la que mejor le genera el “sentimiento de pertenecer”, tal cómo les ocurre también con los plásticos de crédito. Es función de los que hayan sido más marcados por el pase (de analizante a analista) que el fin de análisis engendra, estar alertas a lo que ocurre en el movimiento del psicoanálisis para intervenir señalando los efectos de masa, cuando consideren que puede resultar útil para destituirlos.

 1. También objetamos la palabra Convergencia. Es una palabra que apunta a centrar, vieja ilusión humana que como señaló Freud fue herida por Galileo, Darwin, y finalmente por él mismo con los descubrimientos del psicoanálisis. Pero es retomada por todo psicólogo que se precie, por incapacidad de renunciar a la imaginería de que hay centro. En esta ocasión, el de turno “convenció”, extrayendo fuera de contexto una cita de algún seminario de Lacan. Luego de fundada, en un artículo de marzo de 1999 publicado en esta revista objeté también el aditamento: para un psicoanálisis freudiano. El mismo, leído a la letra dice que se fundan convergiendo en Lacan para construir un psicoanálisis freudiano. Con lo que renuncian a los desarrollos e incluso transformaciones que Lacan introdujo en la eficacia clínica del psicoanálisis con respecto a Freud. O sea, que no renunciaron a la nominación sectaria, a la vez que le emparcharon un agregado que diluye la producción del Nombre-del-Padre al que no querían renunciar.
2. Además sería interesante debatir, a esta altura de la experiencia, si la práctica de que haya pasadores en las experiencias de pase sirve o no.
3. Término utilizado por Horacio Etchegoyen en una entrevista con Miller concedida a la revista Vértex.
4. Ver su Carta de disolución de la Escuela Freudiana de París.
 
 
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