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   Adolescencia y alcoholismo

Alcohol, anestesia del dolor de desasimiento
  Por Jorge Mosner  y Marta Kreiselman de Mosner
   
 
Los jóvenes deben conquistar su pubertad. Este trabajo psíquico implica elaborar qué posicionamiento tendrán con sus adultos significativos (superyó) para desarrollar la capacidad de conectar sensaciones eróticas accesibles después del período de latencia. Dicho trabajo no es simple, la glaciación sexual desvió la libido hacia intereses espirituales y mantuvo intacta la curiosidad infantil a través de la adquisición de los dos tiempos de su propia novela familiar. Terminar de construir su filiación edípica en la novela, aporta la sensualidad, el romanticismo, los anhelos épicos y heroicos. Es decir, las fantasías que darán cuerpo a las ensoñaciones adolescentes. Por lo tanto el esfuerzo adolescente proviene de la hiperfuerza pulsional y fantasías vinculadas a sus objetos incestuosos. El cuadrilátero donde se enfrentarán estos dos gigantes es el cuerpo del adolescente. El trofeo: tener en el yo vivencias y sensaciones, placenteras y displacenteras. Hay dos modos de resolver el principio de placer-displacer necesario para la posesión de las sensaciones. Plantearemos el alcohol y otras adicciones, incluidas las manías, como modos compulsivos de adquirir sensaciones (placer cuantitativo-alucinatorio). El crecimiento adolescente implica elaboración de duelos, necesarios para tolerar en el yo sensaciones placenteras (placer cualitativo) dando lugar a la descarga directa sexual como modo de obtener sensaciones de gran intensidad sexual (placer cuantitativo).

Freud en la novela. Freud (1909) en “La novela familiar del neurótico” dice: “en el individuo que crece, su desasimiento de la autoridad parental es una de las operaciones más necesarias, pero también más dolorosas. Es absolutamente necesario que se cumpla, y es lícito suponer que todo hombre devenido normal lo ha llevado a cabo en cierta medida. Más todavía: el progreso de la sociedad descansa, todo él en esa oposición entre ambas generaciones…”.
El concepto de desasimiento introduce en la teoría psicoanalítica el valor del afecto doloroso; es necesario vivenciar este displacer en el yo. Tanto es así que en el párrafo anterior encontramos a un Freud que utiliza un modo de enfatizar exponencialmente el concepto que intenta remarcar. Redunda con la palabra “más” en tres oportunidades:

1. “Es una de las operaciones más necesarias...”.
2. “Pero también más dolorosas...”.
3. “Más todavía: el progreso de la sociedad descansa, todo él en esa oposición entre ambas generaciones...”.

Entendemos el concepto de desasimiento como una operación psíquica superlativa en el devenir adolescente. Desasimiento es separación de cuerpos, es salida del narcisismo y se opone a los modos alucinatorios de obtención de sensaciones, como el alcohol u otras adicciones. Para que la vida signifique progreso, un proyecto propio, debe haber desasimiento de la autoridad parental y ello sólo es posible si se conquista la sensación de autonomía que implica separarse de los mandatos superyoicos de la infancia. Arminda Aberatury (1974) lo denomina “trabajo de la adolescencia”. Nos referimos a los duelos por el cuerpo infantil y los padres de la infancia. La oposición entre generaciones que da lugar al progreso de la sociedad envía al joven al trabajo psíquico de operar con el mundo exterior, debe modificarlo, hacer las alteraciones necesarias para iniciar su exogamia. Poseer y conquistar en el yo sensaciones voluptuosas y excitantes produce angustia por la superación de la represión edípica, y sensaciones de dolor por la decisión de oponerse a los padres y quedar a merced de la excitación sentida. Cuando el adolescente tiene esas vivencias debe emprender el trabajo de apropiarse de ellas y considerarlas legítimas. Habrá sentimiento de culpa por el envejecimiento de los padres (fantasías de asesinato) y por descubrir que tienen, ahora, sensaciones y vivencias semejantes a los padres (genitalidad). En este proceso la angustia se corresponde al sentimiento de culpa. Pero el duelo siempre se inicia con el examen de realidad que dice que ya no habrá modo de encuentro con un cuerpo sin vello pubiano. El desarrollo acrecienta desajustes en la imago corporal y las vivencias dolorosas acompañan al duelo y se hacen cuerpo (psicosomática), accidentes y locuras. La adolescencia presenta esta paradoja: para tener relaciones sexuales, y exponer la mente a un cúmulo de sensaciones voluptuosa sentidas por el yo, vivenciadas como un fenómeno cuantitativo, es necesario el desasimiento de los padres de la infancia.

Modos alternativos de llenar al yo de sentimiento doloroso. Los accidentes, las adicciones así como los estallidos psicosomáticos, constituyen modos alternativos de convocar sentimientos dolorosos en el yo. Podríamos aventurarnos a pensar estos desenlaces como salidas opuestas a la elaboración del desasimiento.
El trabajo psicoanalítico con adolescentes instala un interrogante acuciante, ¿cómo hacer psíquico el dolor corporal? El modo de respuesta a este planteo dará testimonio de la dirección de la cura planteada.
Cuando hay un abuso de alcohol nos encontramos con jóvenes imposibilitados de instalar este devenir debido a traumas acaecidos en la infancia producto del padecimiento de injurias o mortificaciones narcisísticas que el niño no ha podido morigerar. El efecto en el aparato psíquico, en el yo, es la instalación de alteraciones duraderas de carácter con salidas compulsivas que implican inadecuación en el manejo con el mundo exterior. Estos modos atacan “el aparato de sentir sentimientos” (Mosner) que queda deteriorado o hipersensibilizado. Imaginemos cómo es posible tolerar el sentimiento de dolor que ello implica, si aún no han sido metabolizados los traumas y espantos de su infancia. Los dolores y frustraciones actuales conmueven los cimientos dolorosos pasados, y los duelos no hechos promueven salidas compulsivas actuadas.
Mas no nos prestemos a engaño, el joven que “se entona”, o “está puesto”, o dice me “empedé”, o voy a “escabiar”, estoy “mamado” o “chupado” no hace otra cosa que dar figurabilidad a su escenario trágico. Y es donde lo demoníaco de la compulsión a repetir imprime el sesgo peligroso de abrir el acceso a la motilidad para dar batalla a las injurias padecidas en la niñez. Lo vivido pasivamente se hace activo y el pasado es un presente atemporal. Lo terrible es que la encrucijada edípica trágica lo pondrá a vivir en lo real, lo que sólo debería ser un sueño o una fantasía. Pero ya se abrió el camino a la motilidad y muchos caminan sonámbulos.
El alcohol es un fármaco que funciona en varias direcciones. Fármaco por su doble acepción de remedio y –etimológicamente– veneno. El alcohol está facilitado socialmente desde tiempos inmemoriales, y extendido en casi todas las culturas.

Tomás: una orden en el nombre. A los catorce años comienza su alcoholismo consistente en media botella de vino al mediodía y una y media a la noche. Actualmente, a los veintiuno, se le ha diagnosticado hígado graso y otros trastornos metabólicos. No faltan las identificaciones con tíos alcohólicos. Pero parecen decisivos sus recuerdos del padre soportando las indicaciones, criticas, reproches y desprecio de la madre. Él quedaba triunfante y con fantasías de poseer a la madre. A la vez que iniciaba su pubertad comienza a beber, fruto de la culpabilidad por haber vencido al padre, destituyéndolo, en complicidad con la madre. Pero la bebida es también la marca de la identificación con el fracaso del padre. Recuerda que el padre bebía en ocasiones, consolándose por los ataques de la madre. Su hermano mayor fue declarado primero como retrasado mental y luego hebefrénico, la mamá lo tiene pegado a ella. El padre muere por una crisis cardíaca cuando Tomás tenía diecinueve años. Tomás queda como el hombre de la casa. Ahora es él quien recibe los ataques y desprecios de la mamá, a pesar de ser un excelente proveedor. Tampoco puede tener una vida sexual y amorosa porque le son vetadas sucesivamente las chicas con quienes intenta algún vínculo sentimental. Estos han sido los costos de la dificultad en el desasimiento de la figura edípica. Le queda atacado el cuerpo. No pudo metabolizar la decepción que significó apostar a ser elegido por la madre. En lugar del dolor en su aparato psíquico, la desilusión lo lleva a romper su cuerpo. No había podido, hasta ahora, preguntarse por qué su madre desprecia al hombre y una serie de interrogantes que conducen ahora su indagación.
Luego de una etapa de autorreproches por no haber defendido al padre, se producen movimientos importantes en el análisis y la vida de Tomás. Abandona el alcohol, salvo en algún breve momento crítico de discusión con la mamá. Es tremendamente doloroso para Tomás descubrir que fue designado para sostener el sistema, que la psicosis del hermano equivale a esclavitud, y que él estaba gobernado mediante el elixir mágico, el alcohol, que lo anestesiaba, debilitaba, le impedía pensar y organizar proyectos y anhelos propios, es decir: tenía impedido el desasimiento. Continuamos.

Bibliografía
Aberastury. A.: “Adolescencia y psicopatía: duelo por el cuerpo, la identidad y los padres primitivos”. En: La Adolescencia Normal. Buenos Aires Paidós. Edición: 1974.
Freud, S. (1916-1917): “Conferencia de Introducción al psicoanálisis”. Conferencia 23. “Los caminos de la formación del síntoma”. Bs. As. Amorrortu Editores. Vol. XVI.
Freud, S (1909): “La novela Familiar de los Neuróticos” en O. C. Edición Amorrortu. Tomo IX. Pág. 213.
 
 
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