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BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
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   Colaboración

Por Martín. H Smud
El cambiador de Hombres
 
   
  “Nos hacen dependientes de la mujer”, decía Marcelo de 35 años, un año y medio de tratamiento. Contaba: “Ayer fui a cambiar a mi hijo y no había cambiador en el baño de hombres”. Y hablamos de eso: el baño de hombres era inútil para las imprescindibles tareas de cuidado y cambio de un pañal cagado. Había que ser mujer para lograr tener un lugar apropiado para extender al bebé y realizar una cantidad enorme de acciones de higiene y suplantación del pañal sucio por uno limpio. Marcelo se divertía contando cómo lo había realizado, en sus muslos y con el hijo medio volando, medio cayéndose había realizado el difícil acto final, el más difícil, de pegar el pañal alrededor de las caderas infantiles. Comenzamos a seguir este camino, como siempre con impredecibles consecuencias.
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   Colaboración

Por Claudio Glasman
Las reglas del juego
  Primera parte: La regla fundamental
   
  En un ensayo anterior, “Enseñanzas del chiste”, señalaba mi sorpresa al comprobar que cuando Freud relata qué es el psicoanálisis −en sus Lecciones introductorias de 1914 al 17−, hace un recorrido que comienza por los actos fallidos, sigue por la interpretación de los sueños, pasa luego a la diferencia entre psicoanálisis y psiquiatría y va avanzando por la vida sexual de los seres humanos, las fases de la libido, el sentido y las vías de formación de síntomas, el narcisismo, para cerca del final ocuparse de esa “x” añadida a la estructura del sujeto que es la transferencia y concluir con la terapia analítica. Pareciera que su libro sobre el chiste esta omitido de las cuestiones decisivas del psicoanálisis. Y sin embargo... un pequeño detalle le preserva un lugar fundamental en el conjunto de su práctica y sus ficciones teóricas. Recordemos que él mismo había considerado este texto como una digresión. La digresión es el modo “sistemático”, es decir estructural, de hablar de lo que está en juego en el análisis. Digresión: “desviarse del tema, apartar el paso”. El chiste muestra cómo el desvío, el pegar al costado es el modo de decir lo imposible de decir en una nominación de referencia directa. Habla del deseo, el decir de un objeto perdido o imposible, está más próximo a las delimitaciones del rodeo retórico o las reversiones gramaticales que a las trasgresiones de una prohibición.
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   Colaboración

Por Isidoro  Vegh
Encuentro con lo Real (1)
 
   
  Como muchos de ustedes saben, Lacan dio un seminario que se tituló “Los nombres del padre”, el día 20 de noviembre de 1963. Era el título para un seminario, como acostumbraba todos los años. Cuando llegó para dictarlo, ya sabía lo que había sucedido. El ejecutivo de la IPA, International Psychoanalytical Association, reunido en Estocolmo, había decidido que se cumplan las recomendaciones de Edimburgo, que decían que desde el 31 de octubre de 1963 Lacan quedaba excluido de la función didáctica y de la enseñanza. Lacan va a dar ese seminario. Entonces, me aparecen dos preguntas: ¿por qué responde, –porque yo veo que ahí hay una respuesta–, a esta “excomunicación” –como dijera el colega Daniel Paola–, precisamente con este título: “Los nombres del padre”, cuando él habló hasta ese momento de El Nombre del Padre? Segunda pregunta: ¿por qué dijo algo que parece extraño?: “y que sepan los que me expulsaron que mi respuesta es que no les voy a enseñar más nada sobre esto, no les diré una palabra más. Este seminario lo doy hoy y acá concluye”. ¿Qué quiso decir con eso? Bien, digo mis reflexiones, no pretendo ser el dueño de la verdad. Me parece que Lacan estaba diciendo que estaba en juego la transferencia, es más, lo dice explícitamente en ese seminario. Los antiguos griegos, de los cuales todavía seguimos aprendiendo, decían pathei mathos. Mathos es matema. Se suele traducir en la literatura como “ahora que lo siento, ahora que sufro, comprendo”. Yo lo voy a traducir de otro modo, diré: ahora que se trata de la transferencia, algo sucede con el saber. Lo digo al revés: sin transferencia no hay saber que pase. Los mismos griegos también decían to sophon ou sophia, el saber articulado puede hacer de obstáculo a la sabiduría. Si juntamos las dos cosas, y Lacan lo dice expresamente en ese seminario, lo que impedía que pasara la enseñanza de Lacan era la transferencia. La transferencia de aquellos que formados en la institución que Freud mismo había creado, sabían según la enseñanza de Freud, que la ley se sostiene del amor al padre.
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   Colaboración

Por Daniel Rubinsztejn
La intrepretación, un abuso
 
   
  Catacresis es un tropo, es decir, una figura retórica mediante la que se otorga a una palabra un sentido traslaticio para designar a una cosa que carece de nombre. Por ejemplo: hoja de la espada, alas del edificio, ojo de la cerradura. Carece de nombre y, en un sentido traslaticio, por ejemplo, ojo de la cerradura viene a nombrar algo que en sí carece de nombre. Es un término figural porque la puerta no tiene ojo, ni el edificio tiene alas. Hay un llamado a otras palabras para que concurran a ocupar el lugar del nombre que no hay. En la medida que no haya término literal, habría catacresis que, etimológicamente, significa abuso del lenguaje. A través de este abuso –la nominación catacrética– se escribe en el lenguaje algo que hasta allí era innombrable, no poseía término literal. Este término sustituye... nada, porque no hay una palabra que sea sustituida a ese término. La metáfora es la sustitución de un significante por otro, pero “ojo de la cerradura” ¿a qué otra palabra sustituye? En este sentido, se trataría de una metáfora originaria: la inscripción de un significante, pero no en el lugar de otro sino en el lugar de nada.
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   El psicoanalista lector

Por Pablo Peusner
Backstage de lectura lacaniana
 
   
  Quienes a diario enfrentamos la tarea de intentar leer los textos de Jacques Lacan, sabemos que dichos textos están compuestos pensando en un “lector modelo”: nadie –ni siquiera su propio autor– conoce y maneja en forma completa las múltiples referencias a otros campos teóricos y a otros autores, ni ha leído la totalidad de los textos psicoanalíticos con los que confronta. No obstante, hacemos el esfuerzo por entrar allí donde, según la fórmula que hemos empleado todo el año, liber enim librum aperit... Y entonces, si es cierto que “un libro da acceso a otros libros
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   Entrevista

Por Emilia Cueto
Néstor Braunstein
 
   
  Habiendo nacido en Córdoba, Argentina, en 1974 debió exiliarse en México. Allí dictó los primeros cursos universitarios sobre Lacan, y publicó el primer libro escrito en México sobre el tema. ¿Cómo llegó a la enseñanza de Lacan? Como tantos de mi generación: Raúl Sciarretta, Juan C. Paz, Marie Langer y, fundamentalmente, en Córdoba misma, Paulino Moscovich, con quien anduvimos juntos el camino de descubrir a Freud por detrás de las espesas nieblas de los freudianos que imposibilitaban el acceso, y de los marxistas que lo condenaban sin audiencia ni apelación. De Paulino, mi verdadero maestro, recibí en préstamo, en 1962, el volumen, editado por Desclée de Brouwer, que incluía las consideraciones sobre la causalidad psíquica; leyéndolo pude comprender los abismos agolpados en mi formación filosófica que me divorciaban de toda capacidad para responder al sufrimiento de quienes me consultaban. Por ese tiempo publiqué en Pasado y presente, la memorable revista editada en Córdoba por marxistas heterodoxos, un trabajo en que criticaba mi breve pasado por la reflexología. En ese mismo número aparecía ¡qué casualidad! un trabajo de Oscar Masotta que era, creo, la primera vez en la que un argentino dedicaba un artículo a la enseñanza de Lacan. De ahí en más el camino estaba abierto y seguí las rutas de la época: Althusser (Freud y Lacan), las versiones de los seminarios 5 y 6 de Pontalis, los artículos sobre el “psicoanálisis francés contemporáneo”, etc.; a medida que comprobaba en mis pacientes del Hospital de Clínicas la justeza de las posiciones lacanianas que criticaban las intervenciones hechas desde el “saber” siguiendo malamente las indicaciones de Freud acerca de la interpretación analítica
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   Problemas y controversias en el psicoanálisis

Por Juan Bautista Ritvo
El perdón imperdonable
 
   
  En un reciente film inglés hecho, casi con seguridad, para la televisión, film que muestra las habituales virtudes del cine insular –guión inteligente, actuación y fotografía impecables–, y los no menos habituales defectos –una excesiva dependencia de la literatura y del teatro tradicional– y que fuera titulado Longford, reaparece el espinoso problema del perdón. El protagonista, un personaje que, nos dicen los créditos finales, ha muerto hace poco, el así llamado Lord Longford, ha dedicado su vida a visitar las prisiones para ejercer su caridad cristiana en beneficio de los condenados, tratando de aliviar sus condiciones de vida y de acortar las penas de reclusión.
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   Bipolaridad

Por Javier Wapner
"Bipolaridad" y ciclo maligno narcisista
 
   
  Heinz Kohut ha descripto en los trastornos narcisistas un ciclo maligno donde el déficit originario que aqueja a estos pacientes (déficit que Balint definió como “falta básica”), lleva a compensar la hemorragia libidinal que padecen con restauraciones precarias del Self (Sí-Mismo). Me he referido sobre esto en otro texto diciendo que el paciente límite “intenta recargarse a cualquier costo al mismo tiempo que advierte la pérdida inevitable de su carga libidinal”. Esta recarga se hace a través de actividades compulsivas o la manipulación de un partenaire que opera como suministro. Cuando se logra subsistir por breves lapsos a esta hemorragia interna, por estos medios precarios, el paciente puede pasar de su sentimiento hemorrágico a un cuadro hipomaníaco.
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   Bipolaridad

Por Marcelo Bertoni
La generalización del diagnóstico de la bipolaridad
 
   
  En la introducción al interesante libro que lleva por título Literatura, Cultura, Enfermedad2, su compilador Wolfgang Bongers junto a Tanja Olbrich, nos recuerdan que para Zeno, el protagonista de la novela, la enfermedad, ya al comenzar la narración supera la pretensión nominal por nombrar al ser de Zeno, para extenderse a la constitución de su propia existencia…, descripta en el epígrafe citado. La Conciencia de Zeno constituye, según Bongers, “un punto de cristalización de observaciones literarias de la distinción entre sano y enfermo, que hacen visible su construcción en las formaciones discursivas, tanto científicas como literarias, de los diferentes paradigmas culturales”3. No nos interesa aquí ocuparnos del contenido de la novela que precisamente encuentra su eje narrativo en la relación de Zeno con su analista y que pone de relieve las relaciones entre el psicoanálisis y la escritura, en una época en la que, desde la literatura y el arte en sus diversas manifestaciones la locura se impregna de un aura pretendidamente romántica, llegando a convertirse, llegado el caso, en la condición del genio. Del genio creador en el caso del artista, del genio inventivo en el caso del científico. Lo que interesa es partir ubicando a la cuestión diagnóstica y su generalización en un plano que no excluya la dimensión clínica pero que advierta desde un principio las diversas aristas que la implican en nuestra contemporaneidad. La literatura tiene al respecto variados ejemplos. El enfermo imaginario de Molière, La conciencia de Zeno de Italo Svevo, La montaña mágica de Thomas Mann, El hombre sin atributos de Musil constituyen sólo algunos desde donde esta atraviesa la relación entre el sujeto, la salud y la enfermedad.
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   Bipolaridad

Por Mónica Tobía
¿Bipolaridad? ¿Para quién?
 
   
  Se ha propuesto un tema que actualiza las conceptualizaciones que tanto Freud como Lacan han producido al pensar la tensión entre Psicoanálisis-Psiquiatría y Psicoanálisis-Medicina. Digo “actualiza” ya que comenzaré relatando parte de la conversación que hace no mucho tiempo tuve con una psiquiatra, en el marco del tratamiento de una paciente. Quisiera dejar el recorte de esta charla, que recuerdo en su textualidad, con la intención de no cerrar cristalizaciones teóricas o de disputas de saberes, sino de dar lugar a los interrogantes que a diario nos plantea la clínica psicoanalítica. Me dice la psiquiatra: “… con absoluto respeto, licenciada le digo, que estamos frente a un caso muy grave y estimo no se trata, discúlpeme, solo de palabras, –en el buen sentido se lo digo–. Yo atiendo a S. hace siete años y la tuve que internar en cinco oportunidades por intentos de suicidio. Es bipolar, con episodios depresivos importantes como el de ahora. S. tiene que salir de esto, tiene que trabajar, basta de quejas, sus internaciones están dejando severas marcas”. Me encontré con la puesta en acto de la tensión de la que hablaba al comienzo
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   Bipolaridad

Por Ana María  Gómez
Todos somos bipolares
 
   
  Hace algunos meses, recibí una llamada telefónica. Tenía el dato de que esa llamada podía producirse en tanto derivación de una supuesta consultante compelida a hacerlo por una íntima amiga que la había instigado a ello. Cuando atiendo y preguntan por mí y se responde que efectivamente está hablando conmigo, la mujer dice: “La llamo porque soy bipolar”. Le pregunto su nombre y torna a enfatizar: “No, de lo que se trata es de que soy bipolar”. O sea, no había para ella registro más importante, ni siquiera el de su nombre que el hecho de ser llamada “bipolar”. Acude a una entrevista, insospechadamente con su marido quien toma la palabra y dice que su mujer tiene “trastornos electroquímicos en el cerebro”, que está siendo atendida por un psiquiatra que “vive cerca de ellos” –en tanto aclara que mi consultorio les “queda muy lejos”– y que está medicada. En realidad, está absolutamente hipermedicada. Se logra que acuda ella sola a una entrevista y lo que se escucha es un síndrome histérico flagrante, acompañado de una demanda sin límites hacia sus hijos a quienes acusa de hacer su vida independiente –ambos son mayores, profesionales y sí, “hacen su vida independiente”... independiente de la feroz demanda materna que no deja de quejarse de ellos que casi no la visitan, ni la llaman, ni la atienden, ni se ocupan, etc. Fluctúa entre estados de furor y venganza y lágrimas incontenibles. Pero todo se aclara: “Usted ya sabe: soy bipolar”. Se le pregunta sobre qué quiere decir eso y se trastorna ante la posibilidad de que no se lo conozca. “¡Pero, cómo, si está en Internet!”
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   Bipolaridad

Por Álvaro Couso
Estandarización y discurso
 
   
  Un agente amo en la discursividad contemporánea lo compone sin lugar a duda el saber médico. Ha difundido su campo específico, ha salido del ámbito universitario- hospitalario y se ha instalado con diferentes grados de verosimilitud en los medios de comunicación. El discurso médico informa, previene, ofrece terapéuticas pero sobre todo es un objeto capaz de producir, además de salud, enormes beneficios económicos. Ese saber definido por la especificidad de la disciplina deviene significante popular en un decir sin interrogantes. Del mismo modo que la religión, o el desarrollo tecnológico en otro momento. El manejo de sus signos por fuera de cualquier duda razonable se instala y se reproduce en su certeza. Se vuelve comunicable en el peor de sus sentidos. Las patologías y aquellos que las padecen circulan en su calidad de objetos de un goce obsceno. La extensión no sólo afecta el discurso popular sino que podemos encontrarla incluso dentro del propio discurso de la ciencia. Buen ejemplo de ello es la psicologización de muchas dolencias de corte estrictamente somático. Dudamos de la unidad mente-cuerpo, del ser humano como totalidad, así como también ponemos en entredicho que todo pueda remitirse a una causa psíquica, a una posición subjetiva o que la razón última de cada padecimiento se encuentre en el ser del sujeto. La determinación absoluta es un fantasma obsesivo que tiene su corolario fundamentalmente en la culpa. Abocándonos estrictamente a aquello que debemos puntuar en este texto encontramos los efectos de una generalización que produce la unificación de los signos psiquiátricos reunidos en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Diseases, DSM1
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   Presentación

Por Alberto Santiere
Presentación de Bipolaridad
 
   
  “Perdimos estabilidad/ no sabemos de qué lado/ vamos a quedar parados. Se agotó lo natural/ mentimos una vez más, no cantamos la verdad”. (Andrés Calamaro en Clonazepán y circo) El paraíso descriptivo-medicamentoso invita al sujeto a identificarse con decenas de items que la prensa destaca como indicadores de “Usted es... ”. Facilitan herramientas diversas para acceder al nuevo nombre que la patología asigna a quien desde el multiple choice de conductas anormales “compra” el cuadro... ¡y se lo lleva puesto! No hace falta diagnóstico diferencial, cualquiera puede detentar la nueva categoría, que diluye neurosis o psicosis en una única vía. La psicoterapia del “trastorno bipolar” tiene como norte que el paciente asuma y “acepte” la enfermedad. El bienestar extremo si se asemeja a lo maníaco es parte de la patología. Se trata de “planchar” al síntoma sin preguntarle por qué vino, y de sostener la ingesta de la maravillosa pastilla “de por vida” –tal el criterio médico predominante–. Está de moda el carbonato de litio para dicho abordaje, y es un dato a tener en cuenta lo “caro” que puede resultarle a la salud, por ello la supervisión del litio en sangre es fundamental.
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