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BOTONERA EN IMAGEN
 
 
 
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   Separata

Por Gabriel Pulice  y Oscar Zeliz
Dos referencias lacanianas: Peirce y Wittgnstein (III)
 
   
  En la entrega anterior evocábamos aquel pasaje del seminario 191, en el que Lacan intentaba armonizar el discurso analítico con el triángulo semiótico de Peirce, articulación que –según sus propias palabras– resultaría “…tan simple como los buenos días”, a condición de situar, en el lugar del representamen, al objeto a, del cual a su vez el propio analista se hace el representamen, en el lugar del semblante.
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   Comentario de libros

Por María Rizzi
"La Significación del falo" de Lacan
  de Roberto Harari, Lumen, 2007
   
  Si pudiera conformarse una serie con aquellos libros en los que Roberto Harari asume la puesta al trabajo de alguno de los capítulos de la enseñanza de Lacan1, éste debería ubicarse como una rara avis: es el único que Harari dedica, no ya a algún Seminario, sino a uno de los Escritos. Y, dado que opera entonces con algo que efectivamente fue escrito por el maestro francés, el registro en el que se manejará será diferente del utilizado en aquellos otros libros de la “serie”; ciertamente, no será ésta “una introducción”, ni algo que se diga “acerca de” o “a partir de”, sino que se tratará de ir cada vez al texto mismo, de diseccionarlo, de interrogarlo parte a parte, para obtener –y definir en un mismo movimiento– unas “claves”. Y “claves” aquí no parece ocioso: es tanto lo que permite “descifrar” el texto lacaniano, como una puesta en acto de un “acuerdo de lectura”, o un guiño que permite el ingreso al Escrito o una manera de fijar los conceptos en el topos de la teoría y de sostener su lugar en la praxis.
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   Comentario de libros

Por Pablo Peusner
Paradojas en la infancia
  de Alejandro Varela, Letra Viva, 2008.
   
  El libro Paradojas en la infancia de Alejandro Varela presenta un claro punto de partida: se trata de considerar a la infancia como paradojal. Ahora bien, a lo largo del texto aparecen diversos valores para esa paradoja presente desde el título, valores entre los que el autor siempre intenta el rescate del sujeto de la imagen del niño de cada época. De las imágenes del niño, quizás la más abarcativa y fundacional sea la que lo sitúa en un orden evolutivo y natural, dentro del cual el niño pasa a ser un “menor”. Se trata, según dice Varela, de un modelo “fundamentalmente previsible, reglado por leyes universales, en el que se realiza un ideal solidario del orden moral kantiano”. Así, el niño aparece como “el resultado de un saber natural, de un saber supuesto ser inmutable”.
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   Colaboración

Por Oscar Lamorgia
El alogaritmo de la implicación significante
 
   
  I. Transferencia/s. Tomemos una conocida fórmula de Lacan, a la que se nomina de modo habitual como el “algoritmo de la transferencia”, también –reduccionismo lenguajero mediante– como “significante de la transferencia”. En ningún lugar Lacan, hasta donde pude investigar, lo llama de ese modo. Trascendió así –vía la contumaz ecolalia de algunos de sus comentadores–, pero Lacan no lo designó de esa forma. En la Proposición del 9 de octubre de 1967 se refiere al tema en los términos que dan título al presente escrito. Veremos que no se trata de abundar en un preciosismo meramente semántico, sino que su correcto despliegue nos lleva a comprender que el “Sujeto supuesto al Saber” (S.s.S.) es un concepto desprovisto de la dimensión imaginaria que –en ocasiones– se le adjudica de un modo tan frecuente como equívoco. Equívoco siempre subsidiario de (con)fundir las transferencias en juego en los diferentes momentos del análisis como si se tratase de una sola dimensión.
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   Entrevista

Por Emilia Cueto
Mario Buchbinder
  Psicoanálisis y Máscaras
   
  Desde hace décadas desarrolla una modalidad de trabajo que incluye la utilización de diversos recursos, entre ellos la implementación de máscaras ¿Podría relatarnos –a grandes rasgos– cómo se inició en esta práctica y cuál es el abordaje que propone a través de estas técnicas en el trabajo terapéutico? Las máscaras se transformaron en un elemento significativo a partir del psicoanálisis como momento de estudio y de análisis personal, junto con el teatro, el psicodrama, el trabajo con la psicosis entre otros. Comencé con experiencias expresivas junto con Elina Matoso y fundamos el Instituto de la Máscara, luego lo incorporé a la tarea terapéutica y psicoanalítica, con pacientes individuales y con grupos, con familias y en el ámbito institucional. Concomitantemente realizamos puestas teatrales y coreográficas. Los recursos tienen una doble significación: por un lado son recursos conceptuales y al mismo tiempo son técnicos. Me estoy refiriendo, como ejemplo, a la inclusión del cuerpo, la escena, la máscara, el juego. En la historia del campo psicoanalítico se fueron haciendo también desarrollos conceptuales sobre estos términos.
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   El psicoanalista lector

Por Pablo Peusner
"Todas las voces, todas"
  Acerca de
   
  ¿Qué es el objeto a? –he aquí una pregunta que quienes hemos intentado de alguna manera transmitir el psicoanálisis recibimos a menudo–. Y en cada ocasión, me atrevo a aseverar, hemos deseado que existiera una respuesta puntual, breve, clara y precisa para responder con propiedad una cuestión de tanto relieve clínico. Y como esta respuesta soñada no existe, a veces hemos recurrido a la lista de los objetos que Lacan nos legó como si acaso ella pudiera funcionar como una definición ostensiva del asunto en cuestión. Nada desilusiona más a nuestros interlocutores ni los satisface menos que declamar aquella lista en la que, sobre todo, se suele hacer hincapié en la mirada y la voz. Ahora bien: es cierto que de la mirada se ha dicho mucho y que Lacan ha desarrollado extensamente ciertas particularidades de su funcionamiento –pienso aquí en las clases del Seminario 11 o en las que dedicara al funcionamiento de la mirada en Las Meninas de Velásquez en el Seminario 13, entre otros momentos de su enseñanza–.
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   Problemas y controversias en el psicoanálisis

Por Juan Bautista Ritvo
El juego de los sexos
 
   
  La noción de juego, en su indudable y atrapante dispersión de sentidos, sigue favoreciéndonos para pensar el vínculo de los sexos. Juego supone actividad, ejercicio, diversión, pero también regla y, en un sentido que no podríamos desdeñar, se habla del juego de las cosas distintas articuladas entre sí, como el “juego de una puerta”, que el Moliner oportunamente cita. Y qué decir de su asociación con “fiesta”, vocablo que implica regocijo pero asimismo resuena en él, en sus fondos, el sentido del drama y hasta de la tragedia. Y si hablamos del “juego del mundo”, entonces hace su aparición el azar y hasta la fatalidad. Pensaba en esta noción mientras leía un párrafo del final de la clase 13 del seminario “La angustia”. Cito: “El orden de las cosas en el que nos desplazamos siempre implica que vayamos tomando las cosas por el camino y a veces, incluso, a la llegada, porque no podemos tomarlas en el punto de partida.
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   Presentación

Por Alberto Santiere
Presentación de Niñez y desamparo
 
   
  Hace ciento cincuenta años el 1 de julio de 1858, Darwin presentó la Teoría de la Evolución en la Linnean Society de Londres,... mas el hombre “se vuelve mono” frente a los dilemas esenciales que plantea, entre otras cuestiones, la finitud. Dimensión de la pérdida que acentúa el desamparo. Si el desamparo es el país de lo humano, la niñez desborda el mapa. Una publicidad a página completa de la ACNUR (ONU) impacta en periódicos: “80 por ciento de los refugiados y desplazados en el mundo son mujeres y niños... 3.000.000 de niñas podrían sufrir la mutilación de sus órganos genitales este año... 300.000 menores de edad han sido reclutados como niños soldados...” Agregaría: según la FAO, 6.000.000 de niños mueren de hambre por año. 2.000.000 por enfermedades evitables con vacunas. Más de 15.000.000 de personas viven esclavizadas y gran parte de ellas –niños y mujeres–, caen en las redes de trata para la prostitución. Se estima que solo en el norte argentino, 400 mil niños y adolescentes trabajan en cosechas, expuestos muchos de ellos a enfermedades vinculadas con el uso de agroquímicos. Dedicados al psicoanálisis: ¿será éste nuestro campo?
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   Niñez y desamparo

Por Martín. H Smud
El desamparo de nuestras historietas
 
   
  En mi niñez, como la de tantos, hemos leído por momentos con risa y luego con desazón, como la del padre de Mafalda1, acerca del rumbo del mundo y la pobreza. Ha pasado el tiempo, vuelvo a leer la historieta para explicarles a mis hijos cuestiones que me son muy difíciles de enseñar: las bombas atómicas, la mitad de los niños del mundo pobres, otro quinto de los niños tipo Susanita (hoy la llamarías la Su), la mayoría de los padres absortos frente a las preguntas de sus hijos, cómo explicarles lo que es la inflación, la represión militar, nuestra historia al revés: Robin Hood robándoles a los que menos tienen, los bancos quedándose con los ahorros de sus clientes, la pobreza llegando a límites insoportables en un país donde no faltan ni vacas ni granos.
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   Niñez y desamparo

Por Patricio  Krotsch
Niñez, entre lo social y lo subjetivo
 
   
  Trabajo como analista en mi consultorio y como operador de calle (entre otras cosas) en una institución pública (Secretaria Nacional de Niñez Adolescencia y Familia). ¿Cómo encarar el relato de mi experiencia como operador? ¿En dónde poner el acento? Lo que me interesa destacar es el papel que mi formación psicoanalítica tiene para el trabajo con niños que se encuentran por circunstancias muy diversas en situación de “calle”. Esta formación fue fundamental para ampliar y profundizar mi tarea de operador, junto con el desafío de pensar al psicoanálisis más allá del consultorio. La dicotomía entre individuo-sociedad, consultorio-calle lleva a visiones simplistas de los fenómenos en los que en algunos casos no se escucha el texto y en otros el contexto. Podemos pensar que lo social se hace carne en lo subjetivo. Nacemos en una familia que pertenece no solo a un linaje sino a un sector social y a un momento histórico determinado. El sujeto nace inmerso en un lenguaje que lo precede, brindándole posibilidades o limitándolo. Estos factores son esenciales a la hora de pensar en el niño desamparado, o en cualquier niño que hace lo que puede con lo que se le brinda. Con esto es con lo que trabajamos. El lenguaje produce sus marcas no solo por el ingreso y la incorporación al mundo simbólico sino también por las posibilidades de inserción social con su consiguiente acceso a los bienes de consumo que determinan al sujeto en términos reales.
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   Niñez y desamparo

Por Sergio Zabalza
Apropiación, desamparo y transmisión simbólica
 
   
  El filósofo Roberto Espósito opone inmunitas1 a communitas para caracterizar a las actuales sociedades que, según su opinión, viven sin deuda. Por supuesto que el concepto no nos es aplicable en materia financiera habida cuenta de las pesadas obligaciones que soporta nuestro país, pero sí en algún grado respecto al débito que el terrorismo de Estado intentó eliminar cuando –para abonar el advenimiento del capitalismo salvaje– implementó la desaparición forzada de personas y el robo sistemático de bebés: nos referimos a la menoscabada deuda que supone la filiación simbólica.
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   Niñez y desamparo

Por Sandra Vieira
Posibles abordajes institucionales del desamparo
 
   
  Preguntarnos por la infancia nos lleva a pensar en múltiples atravesamientos. Distintas lecturas desde lo psicoanalítico, cultural, económico y hasta político. Podemos encontrar niños solos, desamparados, o que aun en “compañía” no dejan de quedar al desamparo allí donde “sus adultos” vacilan en el ejercicio de la función paterna –conociendo aun lo fallida por estructura– o hasta en algunos casos no inscribiéndose. Así, entonces, desde hace bastante tiempo no alcanza con pensar al niño en la escuela, con su grupo de pares, su familia. Hoy vemos cada vez más niños en la calle, sin escolaridad, o con serias dificultades para sostenerla, que aun con referentes familiares consigo, no escapan a los efectos de la violencia cotidiana, que forma parte y de manera cada vez más tangible, del paisaje urbano. Niños donde el desamparo inicial –que todo cachorro humano trae al nacer– no deja de hacerse presente una y otra vez. Se trata de niños que junto a sus familias se encuentran excluidos socialmente, desintegrados del sistema de reproducción material de la sociedad, y de a la red de contención social, desafiliados no solo a nivel económico sino también simbólico, en términos de exclusión y aislamiento subjetivo. Exclusión social que implica ya un riesgo, si se entiende como riesgo, además, el hecho de quedar excluido de la red simbólica en tanto sujeto atravesado por la cultura.
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   Niñez y desamparo

Por Juan Carlos Volnovich
Recursos de amparo
 
   
  Nacemos frágiles, precarios, indefensos. A diferencia de otras especies, incapaces de conservar la vida de manera autónoma, en muy escasa medida tenemos un conocimiento instintivo de los peligros que nos acechan. Peligros reales que vienen de afuera. Peligros pulsionales que vienen de adentro aunque ese “adentro” haya sido, alguna vez, afuera internalizado. El desamparo no es otra cosa que la exposición traumática a los peligros externos e internos que la presencia del Otro vanamente intenta atenuar. Porque por encima de los demás peligros se halla el de la pérdida del objeto –del objeto protector contra todas las amenazas de desamparo–. Las fobias en la infancia –la fobia a la soledad, a la oscuridad y a las personas extrañas– pudieran entenderse, así, como reacciones normales, maneras de procesar el peligro y maneras de elaborar la incertidumbre que el riesgo de perder el objeto protector instala. “Otras –las fobias a los animales pequeños, a las tormentas, (nos dice Freud)– se nos muestran más bien como restos atrofiados de una preparación congénita a los peligros reales, tan claramente desarrollados en otros animales. Con respecto al hombre, sólo es adecuada la parte de esta herencia arcaica que se refiere a la pérdida del objeto. Cuando tales fobias infantiles se fijan y se hacen más intensas, subsistiendo hasta años ulteriores, muestra el análisis que su contenido se ha unido a exigencias instintivas, constituyéndose también en representación de peligros interiores.”1
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   Niñez y desamparo

Por Raúl Yafar
Desamparo subjetivo y niñez
 
   
  Para reflexionar sobre distintos aspectos del “desamparo en la niñez” voy a girar en torno a dos polos: “objetalidad del niño” y “subjetividad en el niño”. Dividiré mi exposición en tres partes: la consideración de la subjetividad del niño en el curso de la historia del psicoanálisis de niños, la dignidad de su desamparo en la relación madre-hijo y los efectos sobre la niñez del desarraigo subjetivo en la posmodernidad. I) He insistido en diversos textos y conferencias en realizar una articulación, mediante tiempos lógico-cronológicos, de lo que ha acontecido a través del ingreso del niño en el campo psicoanalítico. Lo podríamos llamar “fundación” del psicoanálisis de niños.
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